Historias reales

Voces del camino

Cada persona que pasa por nuestras casas trae su propia historia y se lleva algo nuevo. Estos testimonios son de personas que transitaron su proceso y hoy viven una nueva etapa, con sus propias palabras.

Héctor Ortega

Héctor Ortega

Egresado · Asociación Civil San Marcos Ji Tianxiang

10 meses de proceso

No se trata solo de dejar el consumo, sino de aprender a vivir de nuevo.

Venía de hacer mi proceso en la Fazenda de la Esperanza, donde logré construir mis cimientos, pero me di cuenta de que no era suficiente con quedarme en la institución. Para mi recuperación y reinserción social, era fundamental este paso.

Opté por venir a la Casa de Medio Camino para salir de mi zona de confort, alejarme de los lugares donde solía consumir y aprender a vivir sin la sustancia en el día a día.

Al principio tuve muchas dudas, pero con el tiempo entendí lo necesario que es este espacio. Acá uno encuentra el acompañamiento para generar nuevos vínculos, buscar un trabajo que realmente sume a la vida y sanar la relación con la familia, entendiendo que no todos los vínculos son constructivos desde el inicio.

No todos los días son fáciles; hay momentos de frustración, pero en comunidad aprendemos a hablarlo y a apoyarnos. Aprendí a respetar los tiempos, porque querer todo "ya" nos termina perjudicando. Hoy, después de diez meses, me siento cómodo, fortalecido y listo para dar el paso hacia mi independencia, presentándome como el hombre nuevo que soy hoy.

Marcelo Berrutti

Marcelo Berrutti

Egresado · Asociación Civil San Marcos Ji Tianxiang

Hoy trabaja como Operador Terapéutico en Adicciones

La reinserción real existe si hay voluntad, un proceso serio y una comunidad que te abraza.

Nací en Canelones en una familia trabajadora del campo, pero desde muy joven caí en las adicciones, dejé los estudios y terminé viviendo en la calle. Durante mucho tiempo dormí entre cartones cerca de la Plaza de los Bomberos.

Mi vida cambió gracias a un entramado de personas que no me soltaron la mano: la gente de Sembradores me arrimó un plato de comida y me habló de Jesús; las Hermanas de la Caridad y el Parador de San Ignacio también fueron parte de ese proceso.

En agosto de 2022 ingresé a la Fazenda de la Esperanza. Viví un proceso profundo de 16 meses. Allí no solo recuperé mi vida espiritual, sino que en diciembre de 2023 culminé mi caminata recibiendo el diploma de Embajador de la Esperanza.

Pero el verdadero desafío empezó al salir. Para sostener mi reinserción, ingresé a la Casa San Marcos Ji. Con la estructura y el apoyo de este hogar asistido, logré metas que antes me parecían imposibles: sostuve un trabajo en una casa de importaciones por más de un año, estudié y aprobé la prueba de Acreditación de Ciclo Básico, y me formé y me recibí como Operador Terapéutico.

Hoy, mi realidad es completamente otra. Estoy independizado, sigo activo en la comunidad a través del Grupo Esperanza Viva y disfruto plenamente de la vida junto a mi hija y mi pareja. Lo más lindo de este camino es que el dolor se transformó en servicio: hoy trabajo como Operador Terapéutico, acompañando a otros que hoy están donde yo estuve alguna vez.

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